Negro el milongueo
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Por delante nuestro, la murga explota y sus esquirlas brillantes salen gritando en todas direcciones. La gente aplaude y saluda. La batería se escapa y avanza, tirando del carro, hacia el infinito. La fiesta popular empieza ahí, cuando el murguero se lanza al recorrido, como la primera vez. La felicidad, en estos casos, es una
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En este lugar, hace ya unos quince años, fue que comencé a escribir mi primera novela. La empecé en el silencio de la separación, en las noches vacías de ella, cuando aún no tenía idea de lo que era sentarse a narrar, pero ya rumiaba los vaivenes y las escenas. Siempre estaba bien servido. En
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La tarde enciende las siluetas, los rostros se borran. Las voces desfasadas, el aire lleno de respiraciones. La totalidad de los presentes escribe salvo uno que salió a fumar. El resto está concentrado, atrapado en alguna frase que no los suelta, como si la punta de la herramienta estuviera hendida en el papel, soldada, sin
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El mismísimo Marcel Proust y Sun Tzu son quienes custodian mis dineros, la caja fuerte propiamente dicha, de estos, mis ahorros, que nunca llegan a ser a tales. Ellos, mis ahorros, son la proyección de un mismo y heredado complejo de inferioridad: eso de nunca llegar a ser. La guita, que es todo un personaje,
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Con mucha alegría quiero contarles de la publicación de este, mi segundo libro, Insoñación, de la mano del sello Devuelo, a cargo del amigo Maca, (responsable también de Yaugurú). «Insoñación es un viaje por los recovecos de la escritura» reza la contratapa. Un narrador ajeno a todo lo que no sea su oficio, encorvado y
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A veces tengo la sensación de estar rodeado de un público que lee pero no digiere, que traga entero y devora, y luego descarta, deslizando el pulgar hacia arriba en la pantalla. Da la impresión de que casi no disfruta lo que hace, de que el mero ejercicio de recordar algunos detalles menores para poder
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Se lo puede encontrar a menudo de pie, tomando una en la cantina del club, entre el montón, abstraído en algún asunto sin importancia, masticando quién sabe qué clase de recuerdo, pispeando de reojo un partido de bochas, saludado por desconocidos, retomando una conversación, sonriendo, con pocas ganas, contestando el saludo con algún chiste trillado
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Quise hacer un meme de mí. Reírme, en principio, de la exageración de cierto rasgo que, por muy obvio que parezca, conviene mencionar en estos casos. Imagino hasta una puesta en escena típica, robada de alguna sitcom del momento, haciendo algún gesto, alguna reacción, acompañando las palabras que quedaran congeladas en esa imagen. La burla